Me banearon de voxed por esto

21.06.2020 a las 10:16 hs 69 0

Un gordo voxero publicó una foto con información interesante, sabía que no duraría mucho así que la descargue por si las dudas. Nunca creí usar esa foto, hasta que el llego, el gordo quechuga.
Publicando fotos de elquechuga, haciendo voxs sobre elquechuga, hablando del elquechuga siempre, cantidad de quechugas, cantidad. Llevó mi cabeza al límite.
Estaba cansado de verlo, ya no lo soportaba, era el, ese gordo hijo de puta el que vendió mi alma al diablo, el gordo quechuga que mirándome a los ojos me dijo: "¿Hay alguien más chad que elquechuga?"
Mira gordo, esto fue lo que paso.

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro antro de olvidados webms,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un cepitero
tocando quedo a la puerta de mi vox.
Eso es todo, y nada más.”¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de baits moribundos
reflejados en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis voxs
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Larita, la única,
virgen radiante, Larita por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos.  Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un cepitero a la puerta de mi vox
queriendo entrar. Algún cepitero
que a deshora a mi vox quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Voxero —dije— o Voxera , en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi vox,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, posteando baits que ningún baitero
se haya atrevido jamás a postear.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Larita?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Larita!”
Apenas esto fue, y nada más.Vuelto a mi vox, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de guata, entró
un majestuoso gordo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran voxero o de gran voxera 
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.Entonces, este gordo de pura cepa 
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu guata cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido gordo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Voxera!”
Y el Gordo dijo: “¿Hay alguien más chad que elquechuga?.”

Cuánto me asombró que gordo tan desgarbado
pudiera comentar tan claramente;
aunque poco significaba su redactazo.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un gordo
posado sobre los comentarios de su vox,
Voxero o bestia, posado en el busto esculpido
de Voxed en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “¿Hay alguien más chad que elquechuga?.”Mas el Gordo, posado solitario en el sereno vox.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una lonja.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el gordo: “¿Hay alguien más chad que elquechuga?.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un voxero infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Chad, ¿hay alguien más chad que elquechuga?’.”Mas el Gordo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al gordito, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso gordo de pura cepa,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
grasoso y ominoso Gordo boludaso 
quería decir granzando: “¿Hay alguien más chad que elquechuga?.”En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al Voxero cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, ¿Hay alguien más chad que elquechuga?Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Pelotudo —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Larita!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Larita!”
Y el Gordo dijo: “¿Hay alguien más chad que elquechuga?.”“¡Voxero!” —exclamé—, ¡cosa incitadora!
¡Voxero, sí, seas gordo o taringuero
enviado por el Incitador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Gordo, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay censura en Magios?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el Gordo dijo: “¿Hay alguien más chad que elquechuga?.”“¡Gordo! —exclamé—, ¡cosa incitadora!
¡Voxero, sí, seas gordo o taringuero!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Larita,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Larita!”
Y el Gordo dijo: “¿Hay alguien más chad que elquechuga?.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
Gordo o espíritu baitero! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Voxera.
No dejes grasa negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi vox intacto.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura deforme y mórbida del dintel de mi puerta.
Y el Gordo dijo: “¿Hay alguien más chad que elquechuga?.” 
Y el Gordo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue baiteando, aún sigue voxeando
en el pálido busto de Voxed.
en el dintel de la puerta de mi vox.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un cepitero que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Hay alguien más chad que elquechuga!



Entonces le pase esta foto y me banearon 


~Guardian

el gordo redimido

Puntos: 18


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